Y me siguen preguntando el porqué corro…


Las personas que me conocen me siguen preguntando por las razones que me llevan a correr con regularidad. Enfrentarte a una Maratón es uno de los mejores ejercicios de honestidad personal que he conocido. Es el momento de la verdad donde tienes que sacar de dentro de ti lo mejor que tienes a nivel: físico, psicológico y de valores personales. Necesitas mucho entrenamiento pero también conocerte muy bien. En el momento de la verdad estás solo y desnudo ante tu propia realidad. Solo vale la verdad y todo lo demás se desvanece mientras pasan los kilómetros. El corredor de fondo se fabrica destilando el sacrificio, la constancia y la humildad. Tienes éxitos y a veces clamorosos fracasos. Son estos últimos los que te ayudan a mejorar como persona y como corredor. El corredor de Maratón es un alquimista de la distancia. Es capaz de transformar la química del organismo ( grasas, hidratos,  … ) en energía para consumir durante la carrera. También aprende a consumir energía emocional a la velocidad precisa y en función del punto kilométrico en el que se encuentra. Tus baterías emocionales deben llegar cargadas al km 30 para empezar a gastar tus emociones a toda velocidad. Llorar al cruzar la línea de meta no es raro. Lo atribuyo a ese desequilibrio emocional que producimos en nuestra psicología al realizar ese consumo tan exagerado de emociones en tan poco tiempo. Correr nos socializa y democratiza como ninguna otra actividad en la vida.  Ante el reto todos somos iguales con independencia de la procedencia, estatus económico, social o nivel como atleta. La distancia es implacable con nosotros mismos y mide de una forma precisa nuestra calidad tanto física como humana. Siempre corremos tres: yo, mi consciente y mi subconsciente. Este último es el que nos intenta aguar la fiesta en los últimos kilómetros. Entre los tres establezco durante la carrera un diálogo complejo pero a veces divertido. El resultado de ese polinomio de argumentos y razones es el éxito o el fracaso. Es encontrarte contigo mismo o alejarte de ti.  Correr es una metáfora de la vida. Solo llega a meta aquel que sabe dónde va. Correr es solidario. Cuántas veces compañeros desconocidos me han sacado del muro y cuántas veces he ofrecido geles durante la carrera a otros que estaban pasando un mal momento. Correr me ayuda a pensar en las cosas de la vida. Los entrenamientos son un momento para pensar con tranquilidad y para ir conociéndote a ti mismo. Es un momento para olvidarte de la gente que te defrauda y de los problemas de la vida. Correr hace que nuestro corazón bata cada vez más lento pero con más fuerza.

No corro porque quiera ser famoso o tener éxito. Corro porque quiero llegar a ser yo.

Y me siguen preguntando el porqué corro. Debe ser porque profeso una “religión” de hombres constantes, honestos, humildes y sacrificados.

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