Mis sentimientos a 3 semanas de la Maratón de Barcelona. Cuenta atrás.


Maraton Barcelona
Dentro de escasos 20 días me enfrentaré a mi octava Maratón. En esta ocasión será la Maratón de Barcelona. Muy largo ha sido el camino hasta llegar aquí y muchos son los que me han apoyado, inspirado y enseñado. Todos me han ayudado  a convertirme en un corredor de maratón. Algunos de los deportistas que admiro y de los cuales he aprendido muchas cosas son: Pedro Nimo, Carles Castillejo, Nacho Cáceres, Javi Guerra, Eliseo Martín, Pablo Villalobos, Chema Martínez, José Garay; y como no, los grandes Martín Fiz y Abel Antón. De cada uno he aprendido algo y a todos les debo también un poco de cada Maratón que termino. También les debo mucho a los compañeros de entrenamientos: Pepe Aragonés y Oliver Balcells. Tantos y tantos kilómetros juntos compartiendo dolores, fríos y madrugones. Y sobre todo les debo todo a mi familia: Sylvia, Pedro y Eva. Ellos si que sufren todos mis kilómetros con su innegable paciencia, amor y comprensión. Todos los que corremos maratones sabemos que la cabeza tiene que estar tranquila y el alma en paz. Es imposible terminar una maratón si tienes pensamientos negativos. Esa paz me la dan ellos al aceptar mi forma de vivir. Porque para mi, hacer una Maratón no es correr 42k en 3:50 o 4:30 sino es una forma de vivir la vida.
Antes he mencionado  a José Garay quien decía hace tan solo unos días: “ Una cosa es desear y otra necesitar, y esa es la gran diferencia de los atletas africanos”. Esta frase me ha hecho pensar mucho, y en parte por ella voy a dedicarle mi próxima Maratón de Barcelona a mi mujer Sylvia. Ahora soy como un africano, “necesito” terminar la Maratón porque se la voy a dedicar a ella. Y ella se merece todo. Llevamos muchos años “corriendo la vida” juntos y siempre estamos ahí, el uno junto al otro, apoyándonos cuando pasamos el muro. Su luz me da la vida para seguir y es la energía que necesito para afrontar los retos. Juntos hemos aprendido que los valores que sirven para terminar una maratón son igualmente necesarios en la vida: Sacrificio, constancia, pasión, admiración, fuerza, estrategia, visión de futuro,… Ella siempre está en el 30k con su infatigable sonrisa, cámara en mano, paciente para dispararme una instantánea de sufrimiento. Un beso fugaz, un te quiero y más quilómetros por delante hasta meta. Los últimos, pero los más duros. Los de las dudas, pero los mejores. No sirve de nada lo recorrido si no eres capaz de llegar hasta el final. Cruzar la meta y dejarte caer en los brazos de aquellos que te quieren. A partir del 30k, cada kilómetro se convierte en una lucha mental, un ejercicio de introspección para rascar los trocitos de valores que llevamos dentro y que nos ayudan a superar el reto. Cuando la energía ya no te queda dentro de tu organismo y debes seguir corriendo, empiezas a consumir la parte más espiritual de ti mismo. En esos momento me acuerdo de ella y de cómo me cayó del cielo. Sigo bajando por Portal del Angel, ya queda poco, el público anima con intensidad. Cuesta pensar. La cabeza procesa lentamente y solo me empuja la voluntad y la necesidad de terminar la Maratón para ofrecerle la medalla a Sylvia. Bajo por Via Layetana, me quedan menos de 5k, hago un check rápido: gemelo derecho justito, Isquio tibial izquierdo tocando las narices, Cardio ok, respiración ok, estado general el normal. Sigo corriendo, estoy llegando a Colón. Ahora si que voy justo, justo. La zancada se vuelve más corta. El pie ya no impulsa igual. Me tomo mi último gel. Mierda, que duros se me van a hacer los últimos 3k! En este punto solo pienso en cruzar la meta y colgarme la medalla. Han pasado 300 metros y vuelvo a mirar el GPS, los ritmos me están cayendo. Me quedan 2,7K para meta y me estoy metiendo en 7 min/km. Cómo pega el sol. El paralelo es interminable. El público me sigue animando. Me recuerdo a mi mismo que tengo que terminar porque le he prometido a Sylvia que le dedico esta Maratón. Es por ella que aguanto en pie. Me quedan 2 km. Los metros no pasan. Ahora me arrepiento de haber tirado la botella de agua del último aprovisionamiento. Necesito beber. Me está faltando agua. El gemelo derecho se me está viniendo abajo por momentos. El ácido láctico empieza a saturar el músculo. Vuelvo a mirar el reloj, me quedan 1,7K para meta. Qué duro se me está haciendo. Sigo, me concentro solo en visualizar la meta. El público no para de animar pero ya casi no los escucho. Ya estoy un poco alto de pulsaciones pero es normal y no me preocupa porque me queda poco. 7:15 min / Km sigo cayendo en ritmo. Menos mal que me queda poco porque estoy pinchando. ultimo kilómetro para meta. Ahora si que llego. Ya huelo la meta. Me propongo hacer el último kilómetro a un ritmo un poco más vivo. Creo que el gemelo me aguantará. Estoy llegando a Plaza España. El público anima fuerte, me quedan 300 m. Empiezo a escuchar la megafonía y casi rompo a llorar. Me acuerdo de Sylvia, de los niños,.. Pobres, toda la mañana de pie animándome por toda la ciudad. Solo 200m para la llegada, Vamos me digo en voz alta!!!, giro a la izquierda y a por el arco de llagada, choco la mano con el público. Esto si que ya está. Aprieto para terminar sprintando, busco a Sylvia con la mirada. Allí está a la derecha con su eterna sonrisa y su melena morena. Levanto los brazos y paso por meta.
Contado es bonito pero ahora hay que repetirlo el día 15 de marzo sobre el asfalto de Barcelona. Tengo la suficiente experiencia como para saber que la Maratón te puede dejar KO en cualquier momento. Sus sentencias son inapelables y sus victorias incomparables.
¡Este toro va por ti Sylvia. Porque te quiero! Por ti correré cada kilómetro de la próxima Maratón de Barcelona.
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